Uno de los sucesos más impactantes que he tenido la carrera de investigar es la aparición de un hombre con un perro blanco que cuida a los niños que se pierden en las montañas. Esta historia la descubrí en Las Hurdes, Extremadura, la región de España donde nací.
San Antonio de Padua, sacerdote franciscano, gran predicador de origen portugués y doctor de la Iglesia que falleció el 13 de junio de 1231 en la localidad italiana de Padua, es el santo más especial de esta comarca. En las Hurdes está considerado como protector de los montes y del ganado. Antes de la cristianización del lugar presumiblemente existía el culto a una divinidad protectora de animales y bosques que hoy día se identifica con San Antonio.
Desde el momento mismo en que el hombre comenzó a domesticar animales, durante el Neolítico, surgieron divinidades protectoras del ganado. en la revista Folklore de la Fundación Joaquín Díaz, mi querido amigo, el investigador heterodoxo Félix Barroso se hacía eco del culto a San Antonio “en las Jurdes y en zonas aledañas”, asegurando que “ya de por sí el día de la festividad, 13 de junio, cae de lleno dentro del ciclo solsticial de verano y, sin lugar a dudas, es, junto con San Juan, la efeméride más significativa del calendario de los pueblos de acusado matiz ganadero”. Durante el solsticio de verano estos pueblos de cultura ganadera, en la antigüedad, llevaban a cabo rituales para imprimir fuerza tanto al ganado como a los cultivos, buscando expulsar los males que les pudieran afectar. Esto lleva a Félix a pensar que “colocar en estas fechas a San Antonio no es un mero casual, sino que responde, posiblemente, a una respuesta premeditada de la Iglesia, incapaz de cristianizar las secuelas de antiguas religiones paganas. No erraríamos demasiado si viéramos en San Antonio al sustituto de antiguas deidades protectoras del ganado”.
En esta comarca extremeña perviven costumbres que dan fe de su pasado pastoril y en la actualidad, San Antonio de Padua goza, como decíamos, de un gran predicamento en estas tierras, tanto por su faceta religiosa como por aspectos más heterodoxos. “En la memoria colectiva se le tiene como un personaje ataviado de blanquísimos ropajes y que se hace acompañar por un perro blanco. Es el que vela por los caminantes que se pierden en la noche, evitando que se despeñen por los barrancos o caigan al río. A veces, este ser luminoso levita sobre el suelo o cruza los arroyos y gargantas sin mojarse los pies” en palabras de Félix Barroso, quien añade que resulta curioso que se le identifique como a un personaje acompañado de un perro blanco, pues en las diversas tallas que existen de San Antonio en Las Hurdes, en ninguna aparece acompañado de un perro. En la actualidad, la fiesta de San Antonio en Las Hurdes se circunscribe especialmente a Aceitunilla y Las Erías, donde el 13 de junio es fiesta patronal, pero también se celebra en otros municipios como Azabal y La Fragosa. Durante este día, ocurren hechos significativos, como el 13 de junio de 2015, cuanto tuve la oportunidad de investigar la aparición de un ovni en plena verbena del santo, ante decenas de testigos.
Ayudar a los que lo necesitan
Aunque parezca increíble, en las Hurdes hay quien tiene la certeza de que San Antonio acompaña en las noches a los niños que se pierden en los montes de la zona. Y no hablamos de un acompañamiento espiritual o divino, sino de un hecho literal que se constata en el recuerdo de sucesos ocurridos en la comarca. Aurora Iglesias nos asegura que “cuando los niños se pierden en el monte les tienen que poner el responso. Se lo pones y Dios actúa y los encuentra. Dios los pone a su vera”. El investigador José María Domínguez Moreno, en nuestras reuniones, me ha relatado algunos de estos casos.
Eliseo Martín, otro hurdano que tuvo a bien compartirme sus experiencias en relación al santo, me relató una historia que no se olvida en el concejo de Nuñomoral. “Un día de fiesta, un domingo, Paula se fue a regar al huerto y dejó a su hijo con el abuelo. Pero a este le gustaba el licor y se puso a beber y cuando llegó la hija, busca al crío a ver dónde había ido. No aparecía. Buscaron por todos sitios y no encontraban al niño. Y al llegar las doce de la noche y ver que no aparecía tuvieron que dar cuenta a la Guardia Civil. Los guardias subieron monte arriba, para ver si le escuchaban llorar o llamar a alguien, pero de que pasaban las horas y seguía sin aparecer le pusieron el responso. Una vez que se pone el responso ya no pueden seguir buscando. Así que esperaron. A la mañana siguiente, muy temprano, un cazador encontró al crío. Se acercó a él y le preguntó que con quien había pasado la noche. Y le dijo que había estado con dos perritos. Uno blanco y uno negro. Le dijo que el negro le quería morder y el blanco no se lo permitía. Era San Antonio bendito. Cuando el niño llegó al pueblo todos le preguntaban que con quién había pasado la noche y él contaba lo del perrito blanco y el perrito negro”.
Según nos explican, el suceso ocurrió en Nuñomoral, a un niño que se llamaba Lira. He tratado de localizar a Lira, que según las informaciones que me han proporcionado, vivía en un pueblo de la provincia de Salamanca, aunque por el momento, la búsqueda ha sido infructuosa y desconozco, incluso, si todavía vive. Pero el caso de Lira no es el único del que he tenido conocimiento.
Cuando era niño, Pedro Jiménez, de Santibáñez el Bajo, se perdió en la dehesa cercana a su pueblo. No iba solo, le acompañaban otros muchachos del pueblo. Les cayó la noche encima y, según contaron, observaron un personaje vestido de blanco que a veces se elevaba sobre el suelo, con un perro blanco que le seguía. Se acercaba hacia ellos y les infundía una gran tranquilidad. Según contaban, les acompañó hasta un paraje conocido como “Los Mingorros”, donde les preparó un lecho entre la paja, para que durmiesen sin sobresaltos. Cuando al día siguiente encontraron a los niños y contaron lo sucedido, todo el mundo pensó que aquel personaje era San Antonio.
En el mes de marzo de 2014, cuando tuve conocimiento de este caso, contacté con la familia de Pedro, que se encontraba viviendo con una hija. Me informaron de que estaba mal de salud y que debía esperar a su recuperación para poder hablar con él. En el transcurso de aquellos días Pedro falleció llevándose con él el recuerdo de aquel personaje que les cuidó y les protegió de los espantos que pueblan la noche hurdana.
Lo más impactante de estos casos es que he encontrado en mis investigaciones en México la misma leyenda de seres vestidos de blanco que se aparecen al que lo necesita. Les llaman la Hermandad Blanca y creo que se trata de los mismos seres -o el mismo ser- que tanto bien ha realizado en la comarca de Las Hurdes bajo el acertado disfraz de San Antonio.
Más información en mi libro Las Hurdes, Frontera con lo Desconocido.


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