Descubren en México la entrada al inframundo

Lourdes Gómez / Mitla significa lugar de descanso. Ese es el nombre que eligieron los zapotecos para señalar la entrada al reino de los muertos. Los zapotecos fueron un pueblo mesoamericano que se desarrolló en zonas mexicanas como Oaxaca. Es, precisamente en Mitla, una zona arqueológica de Oaxaca, donde los científicos acaban de realizar un descubrimiento impresionante.

El equipo del proyecto de investigación Lyobaa ha encontrado bajo una iglesia evidencia de túneles y cuevas que fueron construidas hace más de un milenio para recrear el más allá, el inframundo. Se conserva documentación del siglo XVII donde un sacerdote, Francisco de Burgoa, habla de su visita a las ruinas de Mitla, afirmando haber accedido a un impresionante templo subterráneo. El templo estaba dividido, según Burgoa, en cuatro cámaras interconectadas, siendo la última de ellas poseedora de una puerta de piedra que accedía a una profunda caverna.

La Iglesia de aquella época estaba convencida de que aquel templo era una entrada al inframundo, y por eso se encargaron de sellar cualquier entrada, bloqueando así las energías que estuvieran presentes en aquel espacio sagrado para los zapotecos. Sobre el templo subterráneo, construyeron la iglesia de San Pablo Apóstol, consagrando el lugar a la divinidad. La leyenda afirma que la entrada al inframundo se encuentra justamente bajo el altar, el espacio más sagrado de la iglesia, a fin de bloquear ritualmente el espacio subterráneo.

Hasta ahora -como todo lo que sucede con los asuntos misteriosos en una sociedad tan descreída como la nuestra- se pensaba que la entrada zapoteca al inframundo era una simple leyenda. Sin embargo, el equipo Lyobaa, utilizando radas y tomografía, ha creado un modelo en 3D del subsuelo de la zona arqueológica de Mitla, descubriendo cámaras subterráneas, túneles y estructuras arqueológicas enterradas. De esta manera, los investigadores confirman que el relato del sacerdote Burgoa en el siglo XVII es real, y que los zapotecos elaboraban complejos rituales relacionados con el inframundo en espacios subterráneos de Mitla.

Las bocas del infierno

La creencia de que existen puertas de entrada al inframundo (o infierno desde el punto de vista de la teología católica) está presente en la espiritualidad del ser humano desde la antigüedad a nuestros días. Por ejemplo, los judíos situaban una puerta al infierno al sudeste de Jerusalén. Los romanos en Hierápolis, actual Turquía; incluso Estrabón escribió sobre la misma, asegurando que estaba rodeada de vapores malignos y que era una grupa donde se elaboraban rituales relacionados con el más allá. Uno de los ejemplos más impresionantes se encuentra en Madrid, España. Al norte de la capital, se alza el monasterio de El Escorial, ordenado construir por el rey Felipe II.

Aseguran las crónicas que el monarca convocó a un gabinete de expertos para que encontraran el lugar adecuado para la construcción del monasterio. Conocían la leyenda medieval de que en esta zona de Madrid vivió el diablo, en una cueva del Monte Abantos. Felipe II fue informado de estas tradiciones; cuando el 14 de febrero de 1561 el grupo de expertos llegó hasta el punto exacto de la leyenda, les recibió «un fuerte viento, casi huracanado, que no les dejaba llegar hasta el sitio, y arrancó las bardas de la pared de una viñuela que fueron directos hacia sus rostros». Interpretaron lo ocurrido como una actuación del demonio y aunque advirtieron a Felipe II de lo que les había pasado, la tradición señala que decidió situar allí el monasterio para sellar la entrada al inframundo y consagrar el lugar.

Los fenómenos misteriosos continuaron durante las obras de construcción de El Escorial. Se habla de un perro negro que se aparecía todas las noches, atemorizando a los trabajadores. Consiguieron atrapar al animal y lo ahorcaron en una de las torres. La planta del Escorial estaría basada en las medidas del mítico templo de Salomón y que cuenta con una geometría oculta inspirada por Dios, a fin de bloquear la supuesta entrada al infierno que se ocultaría bajo el monasterio.

Inframundo en Latinoamérica

Existen leyendas parecidas en toda Latinoamérica. Por ejemplo, en Nicaragua se encuentra el volcán activo Masaya, considerado ancestralmente como una entrada al infierno. Cuando los españoles llegan a estos territorios, visitan el volcán y colocan una gran cruz en el cráter, conocida como la Cruz de Bobadilla, para bloquear el acceso al inframundo.

La Iglesia siempre ha tratado de santificar los espacios asociados con el infierno. Se tiene la creencia de que espacios como las encrucijadas o cruces de caminos son portales a otras realidades. Así se inició la costumbre de colocar cruces o pequeños altares en estos espacios. Ahora ya sabes por qué es habitual encontrar en las calles altares dedicados a imágenes como la Virgen de Guadalupe: su función es sellar esas entradas a otros mundos.

Sin embargo, todavía quedan algunos accesos al inframundo que conservan el esplendor del pasado. Es el caso de los túneles subterráneos que llegan hasta el centro de la pirámide del sol en Teotihuacán. Curiosamente, al igual que en el caso de Mitla, también tiene cuatro cámaras subterráneas y eran espacios utilizados por los gobernantes para recibir el poder divino y ser investidos como líderes de su pueblo a través de las deidades del inframundo. He tenido la oportunidad de estar justo en el centro de esas cavidades, que está en la parte central de la pirámide del Sol, pero bajo el subsuelo. Un pequeño espacio donde no sentí claustrofobia, a pesar de la completa oscuridad y lo reducido del espacio.

Allí pude contemplar y ser testigo de un fenómeno inexplicable que los arqueólogos conocen pero que ocultan por temor a la opinión pública: cuando los ojos se acostumbran a la oscuridad más absoluta, algunos -quizá los más dotados psíquicamente- son capaces de ver formas blanquecinas que emanan del cuerpo de otras personas, como si fuera el aura o la energía. Es un fenómeno fascinante que descubrí en las profundidades del inframundo teotihuacano.

Deja un comentario