
Por Lourdes Gómez – Estos días se ha dado a conocer que la NASA lleva desde octubre del año 2022 estudiando lo que han venido en denominar «fenómenos aéreos no identificados» (FANI), término más formal y aséptico para referirse a los ovnis y que, por cierto, no es ninguna novedad, pues ya era utilizado hace décadas por investigadores españoles como Vicente Juan Ballester Olmos. El estudio de la NASA sobre los ovnis, de nueve meses de duración y llevado a cabo por 16 expertos que a lo largo de este tiempo han analizado cientos de observaciones, publicará sus conclusiones el próximo mes de julio. Sin embargo, en una rueda de prensa multitudinaria han compartido con la sociedad un adelanto de sus conclusiones.
De los cientos de informes estudiados -unos 800 -, el número de casos para los que no encuentran explicación varía entre el 2 y el 5 por ciento. Estos encuentros con ovnis serían para ellos «anómalos», entendiendo que se trataría de «cualquier cosa que no sea fácilmente comprensible para el operador o el sensor». Han sido muy cuidadosos a la hora de no relacionar un avistamiento anómalo con la palabra «extraterrestre», y esto, en mi opinión, es su único acierto, ya que para que la ufología sea considerada una materia digna de estudio, debemos, de una vez por todas, entender que la hipótesis de que los ovnis son naves extraterrestres tripuladas es solo una de las miles que podrían explicar el origen de este fenómeno desconocido que puebla nuestros cielos.
La supuesta transparencia y cercanía de la Agencia Espacial Estadounidense en relación a este estudio, no casa con el comportamiento que ha exhibido la NASA en las últimas décadas, pues siempre se han apresurado a negar, e incluso a ocultar, cualquier información de ovnis que se produjera en el contexto de sus misiones espaciales.
Es el caso, por ejemplo, de los ovnis de la misión Gémini X, que tuvo lugar en el año 1966. El 18 de julio de aquel año, los astronautas Michael Collins y John Young fueron sorprendidos por dos ovnis que estaban realizando extrañas maniobras en las cercanías de su cápsula espacial. A través del Centro de Control de Houston, Collins -quien más tarde participó en el histórico alunizaje- comunicó a los compañeros en tierra lo siguiente: ¡Tenemos a la vista dos objetos brillantes! ¡Están aquí arriba y se desplazan en nuestra órbita! ¡No son estrellas! ¡Van a la par nuestro y no son rojos!
Algo parecido sucedió en la misión Apolo XI, la que puso al ser humano en la Luna. El astronauta Edwin Aldrin filmó dos globos luminosos, de color blanco y azul, que parecían estar siguiendo la cápsula lunar. La NASA afirmó no tener constancia de esa información, a pesar de que en el año 1993 el astronauta ratificó que había visto y grabado aquellas enigmáticas luminarias.
A la luz de estos episodios, es complicado confiar en el informe que publique en julio la NASA. Esta institución se ha caracterizado por silenciar cualquier descubrimiento anómalo y obligar a sus astronautas a no compartir sus encuentros con ovnis de forma pública. Tanto en México como en España he podido hablar con testigos que dan fe de estas manipulaciones.
Tenemos el caso de Alan Davis, quien trabajó como ingeniero para esta agencia espacial y sostuvo hasta el último día de su vida que había visto imágenes de edificios en ruinas en la Luna. Por supuesto, la NASA se encargó de desacreditar su testimonio y ocultar la vinculación entre el científico y la agencia. Lo mismo ocurre en el norte de México, en regiones como el desierto duranguense, donde los lugareños afirman que la NASA trabaja en secreto en laboratorios a los que les impiden acercarse, unas áreas de estudio situadas, precisamente, en uno de los enclaves de mayor avistamiento de ovnis de toda la república mexicana.
Todo queda envuelto en la sombra cuando hablamos de los ovnis de la NASA, y esa es la razón por la que dudo mucho que su informe aporte luz a los trabajos que los investigadores civiles llevan realizando sobre los no identificados desde mediados del siglo XX. A aquellos que han consagrado su vida y su dinero a la búsqueda de la verdad, los informes de esta agencia sobre los ovnis, «les vale madres» (y esta última expresión, por cierto, ya está reconocida por la Real Academia de la Lengua Española como sinónimo latinoamericano de «no importar nada»).


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